sábado, 25 de septiembre de 2010

Historia de los Templarios: Cruzadas V

999.M41. La tercera guerra por Armageddon.


El Gran Mariscal Helbrecht y tres cruzadas de Templarios Negros respondieron a la petición de ayuda por parte del planeta de Armageddon, que estaba que estaba siendo asediado por el caudillo orko Ghazghkull Mag Uruk Thraka, que había vuelto al mando del mayor ¡Waaagh! nunca visto.

Los sistemas y planetas circundantes no tardaron en caer ante la invasión orka a pesar incluso de los valerosos intentos de detener a los orkos por parte de la flota Armageddon. Pero el ejército invasor era demasiado grande como para ser detenido. Los Templarios Negros combatieron en sangrientas campañas sobre la desolada superficie de Armageddon (especialmente en la colmena Helsreach, dónde el Capellán Grimaldus fue el único superviviente de la batalla que tuvo lugar en el Templo de la Ascensión del Emperador); pero fue en el espacio dónde más se notó su mano.

El Gran Mariscal Helbrecht se puso al mando de los diferentes navíos del Adeptus Astartes y coordinó su despliegue y ataques. Bajo su experimentado liderazgo las diferentes fortalezas asteroide fueron abordadas y destruidas una a una, y muchos de los pecios de los orkos (de unas dimensiones como nunca antes se habían visto) fueron reducidas a cenizas por las barcazas de combate de los Marines Espaciales.

Finalmente las tornas empezaron a cambiar y la superioridad de las tácticas empleadas por Helbrecht empezaron a dar sus frutos. Los orkos no podían proveer de suministros a sus tropas terrestres y las fuerzas imperiales empezaron a consolidar sus defensas. Cuando la estación del fuego trajo una inquietante calma a Armageddon, una parte considerable de las fuerzas orkas se retiraron y los estrategas imperiales predijeron que lo peor había pasado.

El Gran Mariscal Helbrecht y el héroe de Armageddon, el Comisario Yarrick, persiguieron la nave capitana de Ghazghkull y dejaron al resto de fuerzas imperiales a cargo de la defensa del importante mundo colmena. Helbrecht sigue persiguiendo a Ghazghkull aún hoy en día, puesto que su inquebrantable fidelidad al Emperador y su sed de venganza le impulsarán a perseguir a la Bestia de Armageddon hasta acabar con ella.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Historia de los Templarios: Cruzadas IV

998.M41. La cruzada del Bahía de Ofidio.

No todas las cruzadas de los Templarios Negros movilizan a gran cantidad de efectivos, algunas están compuestas por una sola nave y los soldados que caben en ella. Una de estas cruzadas fue dirigida por el Castellano Raimer, comandante del crucero de asalto Bahía de Ofidio y superviviente de la fracasada cruzada de Garon.

Raimer dirigió a los noventa Templarios Negros a su cargo en una cruzada por una zona de espacio sin explorar perteneciente al Velo, en el sur de la galaxia. Los planetas periféricos de un sistema en el que descubrieron vida estaban habitados por un floreciente imperio de primitivos alienígenas que vivían en enormes ciudades de oro y adoraban a un ser que conocían por el nombre de "Voz del Emperador". Raimer tenía curiosidad por saber que tipo de ser se escondía tras este nombre y decidió destruir todos sus templos antes de atacar con sus guerreros.

Al tiempo que la cruzada avanzaba, los Templarios Negros descubrieron que muchos de los planetas que visitaban ya habían sido destruidos por una fuerza mucho más poderosa que la suya. El Bahía de Ofidio era una nave muy rápida y, mientras se acercaba a los planetas centrales, sus sensores detectaron una pequeña flota de navíos que abandonaba la órbita de otro planeta devastado. Los augures determinaron que se trataba de Marines Espaciales del capítulo de los Ángeles Oscuros  Raimer y el señor de los Ángeles Oscuros intercambiaron elaborados saludos en gótico culto y los Templarios Negros se ofrecieron para combatir a los alienígenas junto al ilustre capítulo de la primera fundación.

Los Ángeles Oscuros aceptaron a regañadientes la ayuda de los Templarios Negros. Durante el asalto final a la fortaleza de la "Voz del Emperador" fueron las tropas del Castellano Raimer quienes consiguieron romper las defensas enemigas y capturar al líder enemigo: un guerrero vestido con una antigua servoarmadura negra sin librea ni panoplia alguna. Raimer empezó a entender la negativa de los Ángeles Oscuros a recibir ayuda y se retiró rápidamente al Bahía de Ofidio y encerró al prisionero en la cámara más segura de la nave. En cuanto Raimer llegó a su nave el comandante de los Ángeles Oscuros se puso en contacto con él y le exigió que le devolviera al prisionero. Al principio, Raimer se opuso, pero en cuanto los sensores de alerta de su nave  indicaron que los navíos de los Ángeles Oscuros estaban transmitiendo energía a sus sistemas de armas, supo que no le quedaba otra opción que obedecer. Raimer entregó el prisionero a los Ángeles Oscuros que abandonaron el sistema sin decir palabra.

La suerte que ha corrido el Bahía de Ofidio es todo un misterio, pues, tras una única comunicación con el sistema de salto en ruta, el Castellano Raimer no ha vuelto a ponerse en contacto con ninguna de las fortalezas de los Templarios Negros.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Historia de los Templarios: Cruzadas III

833.M41. La cruzada de Vínculus.

Esta cruzada fue declarada contra un culto de guerreros asesinos de la Nebulosa de Peleregon. Los Templarios Negros liderados por el Gran Mariscal Ludoldus accedieron a combatir junto a los guerreros del inquisidor Vínculus. Este inquisidor, miembro del Ordo Hereticus, y un destacamento del Adepta Sororitas de la orden de la Rosa ensangrentada. habían descubierto el origen de una serie de cultos en Peleregon IV, un planeta montañoso recorrido por ríos de lava y placas tectónicas que cambiaban a menudo.

El aterrizaje inicial apenas encontró oposición y, finalmente los Templarios Negros (entre los que se encontraba un joven neófito llamado Hellbrecht) y el Adepta Sororitas obligaron a los guerreros del culto a retirarse hasta su centro de poder, un descomunal templo excavado en el interior de un volcán de las dimensiones de un continente. Ludoldus asaltó inmediatamente la fortaleza montañosa y sus hermanos de armas tomaron la entrada y resistieron hasta que las fuerzas imperiales consiguieron abrir una brecha.

Al tiempo que los Templarios Negros y el Adepta Sororitas asaltaban el interior del volcan, lleno de impresionantes columnas, el inquisidor Vínculus se enfrentó al líder del culto y acabó con su vida, aunque el también sufrió una grave herida. Esta herida fue su perdición pues la presencia demoniaca que había ido onsumiendo al líder se manifestó y en un abrir y cerrar de ojos poseyó al debilitado inquisidor.

Un enorme demonio de Khorne tomó el cuerpo del inquisidor como si del suyo propio se tratase y empezó a abatir a sus enemigos por decenas. El Gran Mariscal Ludoldus, el Paladín del Emperador Ulricus y la Canonesa Jasmine se enfretaron al demonio en la que pasaría a ser conocida como la Batalla del Fuego y de la Sangre.

Aunque estos héroes demostraron una gran determinación y una fe indomable, la fuerza del demonio parecía ser mucho mayor. Desesperado, Ludoldus lanzó uno de sus orbes sagrados de Antioch, una bomba llena de aceites sagrados y explosivos, en la mayor sima del volcán, que estaba repleta de lava. La explosión que se produjo destrozó la sima y causó un terremoto que hizo temblar toda la montaña al tiempo que los pilares se desmoronaban. El inquisidor poseído cayó al abismo de lava y los guerreros imperiales consiguieron escapar del volcán que se les caía sobre la cabeza y asi evitar ser enterrados en vida.

Las cañoneras Thunderhawk sortearon la lluvia de fuego para recoger a las Sororitas y a los Templarios Negros supervivientes; y, aunque hubo naves que se perdieron entre las nubes de ceniza, la mayoría de ellas consiguió escapar.

Para asegurarse de que no quedaba ni rastro del demonio y su culto, Ludoldus ordenó bombardear el planeta desde la órbita y aguardó hasta que las masivas explosiones destrozaron por completo la cresta del planeta y esta se sumergió en un océano de magma.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Historia de los Templarios: Cruzadas II

543.M36. La segunda purga de Lastrati

Hasta que una secta conocida como "Ejército divino" se hizo con su control. Lastrati era un importante mundo colmena del Ultima Segmentum. El Ejercito divino mostraba una intolerancia sin igual con todos aquellos que se desviaban, aunque fuera minimamente, de la doctrina con la que sus líderes postulaban como debía ser el "humano perfecto". Virus alterados genéticamente para atacar algunos rasgos humanos en concreto erradicaron gran parte de la población y , cuando el Imperio restableció el contacto con este remoto planeta, su población había descendido a dos millones y medio, cuando antaño había contado con catorce billones.

Lastrati se había convertido en un lugar de peregrinación y durante siglos, los creyentes habían llegado a visitar lugares como la Colina de los herejes y la Llanura de la pureza. Cuando la cruzada de Athalor, dirigida por el Mariscal Gervhart, llegó hasta Lastrati, el mariscal y sus comandantes descendieron a la superficie para inspirarse en un lugar tan sagrado como aquel. nada más aterrizar se dieron cuenta de que la población del planeta había adoptado sangrientos y bárbaros rituales y que sacrificaban seres humanos para alcanzar la perfección.

El Mariscal Gervhart ordenó erradicar tanta degeneración antes de seguir adelante con su cruzada y solamente permitió vivir a aquellos que no tenían mácula alguna; lo que fue visto como un acto de piedad que tuvo gran repercusión en la vida del mariscal tiempo después.